Hay veces

Hay veces que lo que más le apetece a uno es bajar la persiana, taparse con el edredón y estar acompañado tan solo por la luz de la lamparita de tu mesilla de noche y hablar con tu almohada. Contarle qué te inquieta, qué te hace estar así, y ella te ofrece ese apoyo donde llorar que muchas veces nos falta, por miedo a expresar nuestros sentimientos, por miedo a que alguien nos escuche.

Hay veces que preferimos desconcetar de todo, desconectar del whatsapp, desconectar de la televisión, desconectar de nuestra rutina, de la hora del desayuno, comida y cena; y escaparnos. Escaparnos en forma de ponernos un par de cascos y escuchar todas esas canciones que te recuerdan a todos y cada uno de esos momentos que has vivido, unos más alegres que otros, pero que sin embargo todos ellos han conformado parte de lo que hoy es el álbum de tu vida. Y gritar, te apetece gritar y llorar no sabes de qué, pero llorar. Hay veces que nos puede la presión de un trabajo, del ámbito familiar o de la misma rutina; pero justo, justo en ese momento cuando te sientas en un banco a contemplar cada piedra, cada coche que pasa, el sonido de las hojas de los árboles, de los niños en el parque o de los pájaros, en ese momento, te das cuenta que no estás solo. Y empiezas a llorar de alegría por saber que esas personas se sentarían a tu lado para ver esas piedras, esos coches, esos sonidos tan peculiares, una y otra vez.

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