Adiós verano

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Y termina otro verano más. Esa época del año que esperamos 365 días a que llegue y que damos por comenzada con el famoso anuncio de “Estrella Damm” pero que sin embargo, se pasa tan rápido como si de un chasquido de dedos se tratase.

Esos días de playa en los que tomamos el sol hasta achicharrarnos, en los que pasamos horas y horas imaginando la vida de un desconocido a través de la narración de un buen libro, el ruido de las olas y la sonrisa de los niños cuando su padre les hace aquel castillo jamás imaginado, los helados de tres bolas de chocolate, fresa y vainilla y la des-conexión.

El verano es esa estación del año que tiene un olor y un color especial, característico y único podría decir. Cada verano es diferente al anterior, algunos son mejores que otros, pero sin embargo, algo de cada uno de ellos se nos queda en el recuerdo. Las noches de disfrute con amigos, los días de playa, las rebajas, las noches en el parque de siempre, las risas y las que no son tan risas, las noches de calor, las camisetas de pintor como pijamas y los moños playeros que nos acompañan año sí y año también.

El verano es esa época del año en la que vivimos de noche y dormimos de día, en la que tememos madrugar si no es para irnos de viaje, en la que no sabemos como cogíamos un bolígrafo, los días en los que tu abuela te hace la mejor paella del mundo o en los que tu madre te hace un buen puré caliente que sólo ella entiende el por qué. Esos días de agua en los que disfrutas hasta de las ahogadillas, en los que los re-encuentros en Sol se hacen únicos y en los que te gusta perderte durante unas horas.

Porque el verano es esa época del año en el que predominan colores alegres y carcajadas, muchas carcajadas. Hasta el año que viene Verano.

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Sin más

Y no entiendes nada. Hace dos días estabas bien con esa persona, estabas seguro de volverlo a intentar y de repente todo ha cambiado, pero no sabes el por qué. Le preguntas si le pasa algo pero lo único que hace es responder con ese monosílabo, el famoso “no”. Y tú andas perdido, no sabes que decir ni como reaccionar, y solo te sale un “haz lo que te de la gana” que en el fondo significa un “necesito saber que te pasa”. Y ahí estás conteniendo las lágrimas esperando algún día que esa persona tan importante para tí te cuente que es lo que de verdad le pasa, porque la confianza no sólo sirve para las cosas buenas sino que con ella muchas veces tenemos que desahogarnos y decir lo que verdaderamente sentimos aunque nos duela.

La paciencia tiene un límite y muchas veces somos capaces de sobrepasarla y que desencadenen agobios. Agobios en el sentido de no saber como actuar, como interpretar la situación, simplemente un cúmulo de cosas que hacen de esta palabra algo enorme.

Pensé que las segundas partes nunca fueron buenas pero alguien me dijo que siempre hay una excepción que confirma la regla, pero no, creo que esa no soy yo.

Punto y final

¿Cuántas veces habremos pensado demasiado por algo que no merece la pena?, ¿Cuántas conversaciones con la almohada habremos tenido en noches de verano, de invierno o en cada una de las estaciones del año?, ¿Cuántas veces no hemos llegado a ninguna conclusión?. La vida pasa, las horas pasan, los minutos pasan, los segundos pasan, y nosotros nos tiramos todo ese tiempo mirando fotos, recordando sonrisas, días de sorpresas o simplemente esos `Buenos Días` que te hacían empezar el día con la mayor energía posible.

Pero sin embargo, ahora las cosas han cambiado, habéis dejado de hablar, habéis dejado de confiar el uno en el otro, habéis terminado como aquello que temíais desde el momento en que os conocisteis, ser simples desconocidos que se conocen muy bien. Te incomoda verle, pero sin embargo no borras esos recuerdos representados en besos, en fotos, en conversaciones. Esos recuerdos que guardas en tu baúl más preciado, tu corazón. Y te sientes impotente porque no eres capaz de admitir que todo ha terminado, que esa persona con la que compartiste días y días ha desaparecido, ha dejado de formar parte de tu vida, ha terminado con tus ideas de formar una familia feliz, las cenas a la luz de las velas con el sonido de Jason Marz de fondo y el viento acariciando tu cara. Llegas a la conclusión que tienes que poner un punto final, ese signo de puntuación que nos han inculcado desde pequeños y que tanto nos cuesta escribir.